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lunes, 19 de septiembre de 2016

INFORME de la Comisión Europea sobre la Directiva 2008/52/CE


INFORME DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO, AL CONSEJO Y AL COMITÉ ECONÓMICO Y SOCIAL EUROPEO sobre la aplicación de la Directiva 2008/52/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre ciertos aspectos de la mediación en asuntos civiles y mercantiles.


DESCARGA EL INFORME EN ESPAÑOL


lunes, 5 de septiembre de 2016

Mediación y ALZHEIMER



Queremos hacer mención a la complicada situación de las familias que conviven con un enfermo de Alzheimer, y en especial, a las problemáticas que se suceden en el seno familiar.

A día de hoy la mayoría de AFAS (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer) cuentan con servicios de Información, Orientación y Asesoramiento sobre la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Servicio orientados a dar a conocer a la población general las características principales de la enfermedad de Alzheimer y sensibilizarla de la necesidad de actuar ante las enfermedades neurodegenerativas. A nivel de las familias de los afectados, los conocidos como "cuidadores", pueden beneficiarse de los servicios de Mediación Familiar.


¿Cómo afronta la Mediación Familiar las problemáticas en gerontología?

Desde hace algunos años, el aumento de las tasas de envejecimiento y del Alzheimer se ha incrementado de manera continua. Hoy en día se cuenta un número cada vez mayor de personas mayores y un gran aumento de personas enfermas con Alzheimer, así como dependientes. La organización familiar de hacerse cargo del enfermo debe adaptarse rápidamente y ajustarse eficazmente a los cambios de situación. En el momento de la aparición de la enfermedad resurgen los conflictos entre los miembros de la familia y hacen que el enfermo sea objeto y sujeto del conflicto. Su bienestar se encuentra, por lo tanto, comprometida.  
La mediación familiar en gerontología, y tiene que ver con el análisis de los diferentes aspectos de los conflictos intrafamiliares que se presentan a raíz de la enfermedad del Alzheimer, así como estudiar a los terceros involucrados y su manera de actuar en la resolución de esos conflictos. Estas dos problemáticas sirven principalmente como hilo conductor para este trabajo que se sitúa en el cruce de la sociología de la familia, del envejecimiento, de la salud pública, de la psicogerontología y del derecho privado.  
La mediación familiar, el envejecimiento, el Alzheimer y la dependencia. Se destaca el papel central que tiene la familia a partir del momento del diagnóstico de la enfermedad. En el seno familiar, el sujeto enfermo ya no juega el papel atribuido en épocas anteriores: como padre ó cónyuge. Con la aparición de la enfermedad se generan unos cambios en la dinámica relacional de la familia. Además, la evolución progresiva de la patología conduce a la dependencia, acompañada de la aparición de nuevas necesidades exigiendo así una nueva organización familiar. Pero la presencia de factores relacionales, económicos y psicológicos ligados a ese contexto agravan las tensiones, reavivan y acentúan las tensiones que vienen a comprometer esta organización entre los miembros de la familia. La implicación responsable de unos en la situación, la falta de compromiso y el rechazo de los otros así como la ausencia de comunicación intrafamiliar y de cooperación, crean un real impase relacional. La ausencia de medios que apoyen la pacificación relacional, ocasionan que los médicos y otros profesionales se encuentren atrapados en estas situaciones que hace frágil el medio ambiente familiar del afectado así como inducen a tomar posición en los conflictos. Ante la dificultad de la resolución de los conflictos que se presentan, el único recurso posible, es a veces la denuncia en los tribunales.  
Con la aparición de la enfermedad, se produce un cambio que hace difícil la cohesión interna de la familia. Siendo la enfermedad un lugar donde se entrecruzan y se expresan las puestas en escena familiares, la enfermedad parece jugar un papel activo en la repetición del conflicto originado en el pasado. Pero la patología no puede de ninguna manera ser la fuente de los conflictos en la familia. El contexto favorece su aparición y juega activamente un papel revelador y acelerador del conflicto relacional. Ya que a pesar de los años pasados, los antiguos conflictos han permanecido vivos en la historia familiar y subsisten en la persistencia de relaciones tensas. Por este hecho, los conflictos no resueltos del pasado están al acecho de la más mínima oportunidad para favorecer su aparición: entre padres e hijos y conyuges. Los problemas ligados a la ausencia de comunicación directa, se originan por la dificultad para expresar emociones todavía presentes relativamente principalmente entre los hermanos. Es cierto que la ausencia de comunicación se remonta lejos en el tiempo. 
Con la aparición de la enfermedad los unos y los otros no pueden hablarse más, al punto de no dirigirse más la palabra por el miedo de enfrentarse. Tratan de establecer mecanismos que eviten el enfrentamiento con intermediarios. La transmisión de las informaciones y de los intercambios no se hacen sino por diferentes medios como llamadas telefónicas, mensajes electrónicos y correos electrónicos enviados a terceros (médicos, ayudantes, abogados, etc.…..) En lo que concierne a los cónyuges que ayudan ó que son ayudados, la aparición de la enfermedad provoca modificaciones que hacen más frágil la relación conyugal y desestabilizan el equilibrio establecido. 
Algunos continúan con su vida conyugal como si nada pasara y viven las promesas de su matrimonio: “La indisolubilidad del lazo en las dificultades de la enfermedad” contrariamente a otros que deciden de romper el lazo conyugal alterado por la patología.  
En un contexto de pérdida de autonomía progresiva, los miembros de la familia son continuamente enfrentados a la necesidad del cambio, lo que precisa de una reorganización adaptada a los diferentes estadios de la enfermedad. Están obligados a reaccionar en la inmediatez para satisfacer las necesidades emergentes. Aunque su lazo común siga siendo la persona enferma, el interés de ésta ya no es lo que está puesto en juego. Es difícil encontrarse, llegar a una decisión común y organizarse, ya que la comunicación sigue siendo un conflicto y la circulación de la información sigue estando bloqueada ó más específicamente ausente.  El este caso, la familia se encuentra desequilibrada. Ya que entre toda la familia, el cuidador familiar, siendo reconocido como el único, es a quien los profesionales informan acerca del proyecto de cuidados. La información que posee le confiere un cierto poder con respecto a los otros, lo que genera en estos últimos, un sentimiento de no reconocimiento de su lugar y papel como hijos, cónyuges ó cercanos al enfermo, aunado a la no valorización de sus esfuerzos para participar é implicarse en el sostén. 
Por otra parte, el dinero como factor principal y aparente de las discordias familiares, es en efecto el único medio « objetivar el conflicto ». Éste permite a los protagonistas de agotar sus fuerzas en luchas que de hecho no son razonables así como de expresar sus emociones ancladas en antiguos odios. Esos odios enmascaran los dinamismos más profundos que mueven y animan las discordias actuales, las cuales crecen en la misma proporción en que crecen las necesidades de la persona afectada y que están ligados con las exigencias de las obligaciones familiares. La oposición tomará inclusive la misma amplitud después de haber sido juzgada la situación puesto que la no expresión de las emociones constituye el principal freno para la reglamentación de los conflictos. Las partes que presencian el resurgimiento de sus antiguos desacuerdos cubiertos con nuevos pretextos, verán que los nuevos conflictos serán tan numerosos como los que existían anteriormente. Ya que la persona afectada ocupa una posición especial en la dinámica familiar, éste no podrá escapar a los conflictos y se encontrará de una u otra forma implicada. Por consiguiente la persona afectada se verá expuesta a un desgaste asfixiante para su salud física y psíquica llevándola a un síndrome terminal. El cuidador familiar se queda permanentemente solo con la responsabilidad del enfermo y este hecho le conduce necesariamente al derrumbamiento moral y psicológico. Este estado de agotamiento físico y emocional del cuidador repercute en la ayuda responsable ofrecida a la persona afectada.  
Además, la enfermedad del Alzheimer viene a perturbar la vida cotidiana y contribuye a desorganizar la vida conyugal y a degradar la vida íntima de los cuidadores de la familia. La falta de disponibilidades puede igualmente impedirles que jueguen su papel de padres y de abuelos. Por otra parte, para pacificar las relaciones entre los miembros de la familia y para proporcionarles tiempos de descanso a los cuidadores, el surgimiento de nuevos modos de organización familiar, como por ejemplo la “residencia en alternancia” para el padre dependiente, su establecimiento y su ritmo conlleva dificultades para conciliar la vida privada y familiar, todo esto agravado por los impedimentos, cada vez más fuertes, cuando se traslada el paciente de una casa a la otra.  
Este modo de organización que se encuentra en un mero estado inicial, presenta también dificultades y puede llegar a convertirse en una situación perjudicial para todos: cuidadores y sus familias respectivas, pero también para la persona afectada.  
Resumen de la Tesis : HACIA UN CAMPO DE INNOVACIÓN: LA MEDIACIÓN FAMILIAR EN GERONTOLOGIA ‘’Análisis de la dinámica familiar en el contexto de la enfermedad d’ Alzheimer. De RABIÀ HAMIDI (2012) Facultad de Murcia.

Y si te has quedado con ganas de leer, te recomendamos el documento Mediación familiar: salud y dependencia funcional de Mª Pilar Munuera Gómez. Profesora Titular de la Esc. Universitaria de Trabajo Social.